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“Una de cada cinco personas es neurodivergente”

La psicóloga Paolamantina Grullón asegura que el tema no es una moda, la prevalencia es real y el sistema educativo está en el deber de dar respuestas.

Una conversación sobre neurodivergencias, educación y un sistema que debe evolucionar y dar respuestas.


Hay una cifra que Paolamantina Grullón cita con precisión: entre el 15% y el 20% de la población mundial es neurodivergente. Uno de cada cinco. No es una rareza. Es un rasgo de la especie.

Paolamantina Grullón es psicóloga cognitiva, fundadora y CEO de Learn It, un centro metacognitivo en Santiago de los Caballeros que trabaja con personas de cualquier edad cuyo cerebro procesa el mundo de manera distinta a la que el sistema escolar tiene por costumbre premiar. Antes de abrirlo, trabajó en internados y escuelas especializadas en cuatro estados de Estados Unidos. Regresó a República Dominicana en 2023 buscando un espacio que combinara rigor académico bilingüe con un entorno que aceptara a cada niño tal como es. No lo encontró. Entonces lo construyó.

No es un error de fábrica

El término “neurodivergencia” lo acuñó la socióloga australiana Judy Singer a finales de los noventa. Su premisa es simple: la diversidad neurológica no es una anomalía, sino una característica humana. Bajo ese paraguas caben el TDAH, los trastornos del espectro autista, la dislexia, la discalculia, la dispraxia y las altas capacidades.

“Cada perfil trae fortalezas reales y medibles”, dice Paolamantina Grullón. “El razonamiento espacial de muchas dislexias. El pensamiento sistémico de muchos perfiles autistas. El hiperfoco y la creatividad divergente del TDAH. No son consuelos: son ventajas competitivas que hoy las empresas más innovadoras del mundo están contratando deliberadamente.”

1 de 5
personas en el mundo es neurodivergente
35%
de emprendedores en EE.UU. presenta dislexia
+140%
productividad posible cuando el rol se ajusta al perfil

Los datos son contundentes. La profesora Julie Logan documentó que el 35% de los emprendedores estadounidenses presenta dislexia, frente a un 10% en la población general. SAP mantiene desde 2013 un programa de contratación de personas autistas con productividades que, según la Harvard Business Review, pueden superar en 140% el promedio cuando el rol está bien ajustado al perfil. JPMorgan, Microsoft, Dell y EY tienen programas formales de neurodiversidad. Richard Branson, Steven Spielberg, Walt Disney, Simone Biles son apenas la punta visible de una verdad que Grullón enuncia sin eufemismos: las personas neurodivergentes no solo son capaces de éxito; muchas innovan precisamente por cómo procesan el mundo.

El problema no es el niño

La pregunta que Paolamantina Grullón prefiere no es ¿qué tan grave es lo que tiene este niño?, sino ¿qué necesita su entorno para que exprese su potencial? La distinción no es semántica: define si el problema está en la persona o en el sistema que la recibe.

En República Dominicana, dice sin rodeos, el sistema tiene un problema serio. “En países que tomaron en serio la inclusión hace dos décadas, Finlandia, Reino Unido, Canadá, cada escuela tiene coordinador de necesidades educativas, planes individualizados legalmente exigibles y evaluaciones cubiertas por el sistema público. Aquí seguimos dependiendo del bolsillo de la familia y de la voluntad de algunos privados.”

“He escuchado a directores de escuelas reconocidas decirme que no están para poner excusas a quienes no alcanzan los objetivos sin acomodaciones. Eso no es exigencia académica. Es no entender, o no querer entender, cómo funciona el cerebro humano.”

El resultado: niños en colegios prestigiosos que están dos o tres niveles por debajo de sus pares, pero que siguen pasando de curso porque nadie quiere atender la brecha. “Eso no es inclusión”, dice Grullón. “Es promoción social disfrazada de rigor.” Un sistema que castiga al niño con dislexia por escribir despacio, que penaliza al niño con TDAH por la presentación y no por el contenido, no está midiendo aprendizaje. Está midiendo conformidad.

Lo que las redes acertaron, y lo que no

El boom de contenido sobre neurodivergencia en redes sociales ha generado algo curioso: millones de adultos reconociéndose por primera vez en descripciones que nunca tuvieron durante su infancia. Paolamantina Grullón lo ve con respeto, no con condescendencia.

“Si alguien descubre que aquello que sentía como ‘ser rara’ o ‘no encajar’ puede tener otra explicación, eso es un alivio legítimo. Las redes han hecho visibles perfiles que durante décadas pasaron desapercibidos: sobre todo mujeres con TDAH y autismo, y adultos con dislexia que pasaron toda su escolaridad sintiendo que algo no cuadraba.”

La advertencia viene después: reconocerse no es diagnosticarse. “Un reel de quince segundos no sustituye una evaluación clínica.” Su recomendación: usar las redes como punto de partida para hacerse mejores preguntas, buscar evaluación si las dificultades afectan la vida cotidiana, y entender que ponerle nombre a un perfil no es una sentencia. Es una herramienta. “Vivir sin saber por qué te cuesta lo que a otros no les cuesta es mucho más limitante que tener claridad sobre cómo funciona tu cerebro.”

¿Y el sobrediagnóstico? Grullón es cuidadosa con esa narrativa. “Muchas veces se usa como excusa para no proveer apoyos. Es más cómodo decir ‘ahora todo el mundo tiene TDAH’ que reconocer que el sistema lleva tres generaciones sin adaptarse a quienes aprenden distinto.” Que hoy las niñas con TDAH o las mujeres autistas reciban respuestas no es exceso diagnóstico. Es, dice, “justicia diagnóstica que llega tarde.”

La persona primero, no el perfil

El principio rector de Learn It es uno: la persona primero, no el perfil. Ese principio opera a través de la metacognición; acompañar a cada estudiante a observar sus propios procesos, identificar en qué condiciones rinde mejor, y construir estrategias desde el autoconocimiento.

“No ‘eres autista, eres especial’. Tampoco ‘eres autista, hay que arreglarte’. Más bien: así procesas tú, así aprendes, así te organizas; y vamos a trabajar contigo y con tu entorno para que prosperes.”

En intervenciones con evidencia sólida, Paolamantina Grullón es concreta: terapia cognitivo-conductual, intervenciones psicoeducativas estructuradas para dislexia, terapia ocupacional sensorial cuando es indicada, entrenamiento en habilidades sociales, y cuando un psiquiatra lo indica, farmacoterapia para el TDAH, “que tiene una de las bases de evidencia más amplias de toda la psiquiatría.”

Pero hay un capítulo que suele omitirse: “Las acomodaciones educativas tienen evidencia tan sólida como muchas terapias clínicas. Tiempo extendido, evaluaciones orales, ambientes de baja distracción, tecnología asistiva. Nada de eso es tratamiento: es justicia educativa. Y funciona.” En el otro extremo, advierte sobre lo que se populariza más rápido de lo que se valida: ciertos protocolos de neurofeedback comercializados como solución universal, dietas restrictivas sin sustento médico, aplicaciones de entrenamiento cerebral con promesas sin respaldo. “El marketing va por delante de la evidencia, y eso resulta caro, emocional y económicamente, para las familias.”

La pregunta que el sistema evita

Al final de la conversación, Grullón llega a la verdad más incómoda: no es que las personas neurodivergentes necesiten más ayuda para encajar en el sistema. Es que el sistema fue diseñado sobre un modelo de cerebro muy estrecho; y luego diagnosticó a quienes no se ajustaron.

“Mientras sigamos premiando una sola forma de aprender, vamos a seguir produciendo estudiantes que pasan de curso pero no aprenden, y adultos que tardan veinte años en perdonarse por no haber encajado en una caja que nunca fue suya.”

La pregunta no es si el sistema educativo dominicano debe cambiar, la pregunta es ¿cuándo?

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Last modified: junio 18, 2026

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