Estilo
Recorrer el centro histórico de Santiago es leer una ciudad que se escribió a sí misma varias veces. Cada calle, cada fachada, cada esquina guarda una capa de tiempo distinta. Esta es una invitación a ese recorrido.
Hay ciudades que conservan su pasado. Santiago hizo algo diferente: lo reconstruyó. Por eso caminar por su centro histórico no es entrar en una ciudad detenida en el tiempo. Es caminar sobre varias ciudades a la vez. Una ciudad del siglo XVI, otra marcada por terremotos, otra arrasada por el fuego, otra reconstruida con el dinero del tabaco y, más tarde, transformada por el ferrocarril, el hormigón, el automóvil y las nuevas formas de vida urbana. Cada fachada es una pista. Y el recorrido puede comenzar donde comenzó la ciudad que hoy conocemos: en el Parque Duarte, la antigua Plaza de Armas.
Una ciudad escrita sobre sus propias ruinas
Después de la destrucción del asentamiento de Jacagua por el terremoto de 1562, Santiago se trasladó al lugar que ocupa actualmente. Allí, desde 1563, comenzó a organizarse la ciudad con el trazado en cuadrícula descrito en la documentación histórica como dispuesto “a cordel y regla”.
La cuadrícula sobrevivió. Eso es importante porque el primer patrimonio de Santiago no es necesariamente una fachada. Es el espacio entre las fachadas: las calles, las proporciones de las manzanas, las perspectivas, las plazas y la relación entre los edificios y el espacio público.
Parados hoy en el Parque Duarte, con la Catedral a un lado y la calle Del Sol extendiéndose hacia el comercio, resulta difícil imaginar que debajo de esta ciudad hubo otras. El terremoto de 1842 volvió a golpearla. Y en 1863 llegó el incendio, durante la Guerra de la Restauración. Según la historiografía de ese período, la destrucción fue tan severa que apenas unas veinte manzanas de Pueblo Arriba quedaron en pie. La ciudad que vemos hoy nació, en buena medida, de aquella destrucción.
El Centro Histórico de Santiago no es una ciudad colonial intacta. Es, sobre todo, una ciudad republicana construida sobre las ruinas de la ciudad colonial.
Un centro histórico, dos números
El Centro Histórico fue declarado Zona Monumental Patrimonial mediante el Decreto 172-91, del 29 de abril de 1991. El decreto delimitó un perímetro de aproximadamente 92 manzanas. El levantamiento posterior utilizado para las normativas patrimoniales contabilizó 1,147 inmuebles; de estos, 463 fueron identificados con valor patrimonial. Dentro de un territorio relativamente pequeño conviven edificios de muy distintas épocas y lenguajes arquitectónicos.
|
1,147 Inmuebles en el levantamiento |
463 Con valor patrimonial reconocido |
157 Anglo-antillanos / victorianos |
Santiago no figura en la Lista del Patrimonio Mundial de la UNESCO. En República Dominicana, esa distinción corresponde a la Ciudad Colonial de Santo Domingo, inscrita en 1990. Pero patrimonio mundial y patrimonio nacional no son sinónimos de valor histórico. Son categorías de protección distintas. Y Santiago tiene una historia arquitectónica propia.
El tabaco cambió el aspecto de la ciudad
Para entenderla hay que salir, por un momento, de las fachadas. Hay que mirar el tabaco. Durante la segunda mitad del siglo XIX, Santiago se convirtió en un gran centro de comercialización del tabaco del Cibao. La mercancía salía hacia Puerto Plata y desde allí hacia los mercados internacionales. Con el comercio llegaron capitales, comerciantes, almacenes, nuevas familias, nuevas relaciones económicas y nuevas aspiraciones urbanas.
Entonces apareció otro protagonista: el tren. El Ferrocarril Central Dominicano conectó Santiago con Puerto Plata y aceleró la circulación de mercancías, personas, materiales e ideas. La arquitectura también viajó. Llegaron modelos, catálogos, herrajes, materiales y nuevas técnicas. Pero Santiago no se limitó a copiar Europa. Adaptó esos lenguajes a la lluvia, al sol, al calor y a las costumbres del Caribe.
Galerías.
Celosías.
Grandes ventanas.
Aleros.
Techos inclinados.
Madera.
Hierro.
Alturas interiores generosas.
De ese encuentro surgió una arquitectura que no es simplemente europea ni simplemente caribeña. Es santiaguera.
Primera parada: el Palacio Consistorial
Desde el Parque Duarte, una de las primeras fachadas que pide detenerse es la del Palacio Consistorial. Fue construido entre 1892 y 1895 por el arquitecto belga Luis Bogaert y representa uno de los ejemplos más claros del lenguaje neoclásico que acompañó la transformación urbana de Santiago. Cuatro columnas de hierro con capiteles corintios sostienen la fachada del segundo nivel. Sobre el frontón curvo se levanta una veleta en forma de águila. El edificio fue sede del Ayuntamiento desde su inauguración hasta 1969.
Pero más que mirar sus columnas, conviene mirar lo que significan. Santiago estaba construyendo instituciones. La ciudad comercial necesitaba una imagen institucional. El edificio público debía expresar orden, permanencia y modernidad. Algunos historiadores han relacionado este lenguaje con la arquitectura “lilisiana”, en referencia al período de Ulises Heureaux, durante el cual se popularizaron determinadas formas de representación republicana. El Palacio Consistorial no cuenta solamente la historia de la arquitectura. Cuenta la historia de una sociedad que estaba cambiando.
La catedral: una obra que nunca terminó de construirse
A pocos pasos aparece la Catedral Santiago Apóstol. Su historia resume, quizá mejor que ninguna otra, la manera en que Santiago fue construyéndose por capas. El templo anterior fue destruido por los terremotos de la década de 1860 y la estructura actual se levantó entre 1868 y 1894. Fue consagrada el 21 de enero de 1895. En su construcción participaron distintos profesionales, entre ellos Onofre de Lora, Henry Thomasset, Lawson B. Bidwell y Castillo. La obra avanzó durante años, con interrupciones vinculadas a la falta de recursos y a las circunstancias políticas y económicas del país. Después llegaron nuevos terremotos y nuevas intervenciones.
Por eso resulta más interesante leerla como una arquitectura ecléctica que intentar encerrarla en una sola etiqueta. Hay elementos de distintas tradiciones: composición académica, torres, tres naves, bóveda de cañón en la nave central, cúpula sobre el ábside, madera, ladrillo y soluciones constructivas vinculadas a modelos europeos. La Catedral no parece diseñada de una sola vez. Porque no lo fue. Y ahí está precisamente su valor.
La calle Del Sol: cuando el comercio se convierte en arquitectura
Salimos del parque y llegamos a la calle Del Sol. Aquí cambia el ritmo. Ya no estamos mirando únicamente edificios monumentales. Estamos mirando escaparates, locales comerciales, farmacias, almacenes, residencias y antiguas casas de comercio. Es el patrimonio cotidiano.
Uno de los ejemplos más reveladores es la Residencia Batlle Espaillat, en el número 73, construida en 1906 y catalogada en la Guía de Arquitectura como una obra de lenguaje criollo: muros de mampostería de ladrillo, madera, cubierta metálica, basamento elevado, galería corrida, columnas de madera, ménsulas, baranda de hierro y friso decorativo. No es una casa colonial. Tampoco es una casa victoriana pura. Es exactamente lo que Santiago sabe hacer: mezclar.
Más adelante aparece la Farmacia Normal, fundada en 1837 por Santiago Espaillat. Destruida durante el incendio de 1863, fue posteriormente reconstruida en la misma calle. Su historia se cruza con la de Ulises Espaillat, quien llegaría a la Presidencia de la República, y con la del médico puertorriqueño Ramón Emeterio Betances, que atendió allí consultas. Una farmacia que es también un capítulo de la historia médica, comercial y política dominicana.
Más atrás todavía, en el antiguo local de El Grano de Oro, construido en 1891, aparece otro fragmento de esa ciudad comercial de finales del siglo XIX: portales coronados por frontones, pilastras y frisos que anunciaban una ciudad que quería verse próspera y moderna sin dejar de ser caribeña.
El estilo que nadie espera encontrar
Luego aparecen las casas. Galerías de madera. Barandas torneadas. Celosías. Ménsulas. Techos de zinc. Ventanas abiertas hacia la calle. Para quien visita Santiago por primera vez, algunas parecen trasladadas desde una isla del Caribe angloparlante. No llegaron por accidente. La arquitectura anglo-antillana o victoriana terminó convirtiéndose en el lenguaje individual más numeroso del inventario patrimonial del Centro Histórico.
| Estilo | Inmuebles catalogados |
| Anglo-antillano / Victoriano | 157 |
| Neoclásico | 112 |
| Anglo-antillano sobre neoclásico | 19 |
| Art Déco | 12 |
| Modernos | 45 |
| Otros y vernáculos | Resto del inventario |
El dato explica algo que a simple vista puede parecer extraño: el Santiago que muchos imaginan como colonial tiene, en realidad, una identidad arquitectónica profundamente republicana y caribeña. Y esa arquitectura no fue una copia. Fue una traducción.
Una ciudad que todavía se puede perder
El urbanista Reynaldo Peguero estimó en 2026 que en la ciudad de Santiago permanecen alrededor de 400 edificaciones de estilo victoriano y republicano. Es importante precisar el alcance de la cifra: se refiere a Santiago en sentido amplio, no exclusivamente al perímetro protegido por el Decreto 172-91. Otro levantamiento publicado en 2025 señaló que más del 40% de los inmuebles de arquitectura republicana habría desaparecido desde el inventario de 1991.
Lo que sí revela es una tendencia. La arquitectura republicana está desapareciendo. Y cuando desaparece una casa para convertir su solar en estacionamiento, no desaparece solamente una construcción. Desaparece una escala. Una sombra. Una proporción. Una manera de caminar la calle. Una parte de la memoria urbana.
Benito Monción 26: la casa que sobrevivió al fuego
En la calle Benito Monción número 26, entre Del Sol y Máximo Gómez, hay una casa que obliga a detenerse. Una casa de madera. Techo de zinc a cuatro aguas. Sin la ornamentación académica que aparecería después con la reconstrucción republicana. Su importancia está en otra parte: es el único inmueble que sobrevivió al incendio de 1863 dentro del Centro Histórico que permanece en pie. Mientras casi toda la ciudad desaparecía bajo el fuego durante la Guerra de la Restauración, esta casa quedó. Ya no estamos ante una casa antigua. Estamos ante un fragmento material de la ciudad que existía antes de 1863. Una pieza que permite mirar, literalmente, hacia atrás.
La Logia: la ciudad que construyó la sociedad civil
En la esquina de Mella con Restauración aparece otra pieza esencial: la Logia Nuevo Mundo No. 5. La construcción actual fue levantada entre 1901 y 1905, después de los daños sufridos por el edificio anterior en el terremoto de 1897. Desde afuera parece un edificio republicano sólido, de mampostería y ladrillo. Pero adentro y en sus detalles aparece otra arquitectura: planta cruciforme, columnas dóricas, escalinata bifurcada, pavimento blanco y negro, símbolos masónicos. El compás y la escuadra, para quien sepa mirar.
La Logia recuerda algo que suele olvidarse en los recorridos patrimoniales: la ciudad no la construyeron solamente el Estado y la Iglesia. La construyeron también las sociedades civiles, los clubes, las logias, los centros culturales, las asociaciones. El Centro de Recreo, fundado en 1894 y con edificio actual inaugurado en 1930, pertenece a esa misma historia: bailes, asociaciones, vida nocturna, encuentros sociales y la formación de una burguesía urbana que quería reunirse en espacios acordes con la ciudad que estaba construyendo. El Archivo Histórico de Santiago, en la calle Restauración No. 124, completa otra dimensión de ese recorrido. Porque cuando las fachadas dejan de hablar, los documentos continúan haciéndolo.
La Fortaleza San Luis: el otro extremo de la ciudad
Si el Parque Duarte representa el corazón civil del centro, la Fortaleza San Luis constituye uno de sus grandes polos históricos. Su historia es mucho más antigua que la apariencia actual de sus estructuras. El recinto fue transformándose con el tiempo y adquirió buena parte de su fisonomía durante los siglos XIX y XX, con cuarteles, hospital militar, polvorín y otras estructuras defensivas. El 6 de marzo de 1844 fue izada allí la primera bandera dominicana en Santiago. Sus muros cuentan una historia distinta de la de las casas victorianas. Aquí la arquitectura habla de poder, de guerra, de soberanía. Y por eso el recorrido entre el Parque Duarte y la Fortaleza puede leerse como un eje que atraviesa buena parte de la historia de Santiago.
El Hotel Mercedes: cuando llegó el hormigón
Después aparece otro Santiago: el del hormigón armado. El antiguo Hotel Mercedes fue construido en 1928 por el ingeniero español Romualdo García Vera e inaugurado en 1929. Cuatro niveles, mosaicos hidráulicos, azulejos, columnas dóricas, balcones, arcos y patio interior. La construcción es moderna, pero su lenguaje ornamental todavía pertenece a la ciudad republicana. En noviembre de 2025 volvió a abrir sus puertas transformado en Centro Cultural Banreservas, después de una restauración con una inversión superior a RD$340 millones. El edificio no necesitó volver al pasado para sobrevivir. Necesitó encontrar un nuevo uso.
La ciudad de los que ya no están
El patrimonio de Santiago no termina en las fachadas. En 2024, el Ayuntamiento declaró el Cementerio de la 30 de Marzo patrimonio cultural y museo a cielo abierto mediante la Resolución 3375-24. Allí la historia cambia de lenguaje. Ya no se lee en balcones ni en cornisas. Se lee en apellidos, mausoleos, esculturas, lápidas, familias, migraciones, rituales. El cementerio es, en cierta forma, otra ciudad dentro de la ciudad.
Conservar no es solamente restaurar
Aquí aparece la pregunta más difícil: ¿qué significa conservar? Un centro histórico no es una colección de fachadas. Es una ciudad viva. Y una ciudad viva tiene propietarios, comerciantes, residentes, vehículos, alquileres, negocios, problemas de mantenimiento y necesidades que no siempre coinciden con las exigencias de la conservación.
Restaurar puede ser más caro que sustituir. Una regulación puede impedir una transformación, pero no necesariamente financiar la restauración. Un inmueble puede tener valor patrimonial y, al mismo tiempo, resultar económicamente difícil de mantener. A esto se suman la permisología, la fragmentación institucional y la ausencia de incentivos económicos suficientes. El problema no puede reducirse a una falta de voluntad individual. Es un problema urbano, económico e institucional. La pregunta no es solamente cómo conservar edificios. Es cómo hacer viable la conservación de una ciudad.
Volver al centro
Esa discusión no es nueva. En 2016, el proyecto “Volver al centro”, desarrollado con participación del BID, el Laboratorio de Diseño Urbano y la Universidad Técnica de Viena, planteó una estrategia de revitalización basada en vivienda, espacios públicos, equipamiento urbano y movilidad. El diagnóstico partía de una transformación fundamental: el centro histórico había perdido parte de su función residencial y se había convertido progresivamente en una zona predominantemente comercial. La propuesta planteaba devolverle vivienda, espacio público y vida urbana. Restaurar fachadas no basta. Un centro histórico convertido exclusivamente en escenario turístico termina perdiendo precisamente aquello que lo hace histórico: la vida.
El nuevo ciclo
Las intervenciones recientes vuelven a colocar el centro en el debate urbano. La rehabilitación del Parque Duarte, la intervención del Centro de la Cultura Ercilia Pepín, el bulevar Benito Monción, la recuperación de fachadas de 75 edificaciones siguiendo el estudio cromático del conjunto y las obras de infraestructura forman parte de un nuevo ciclo de inversión patrimonial. La intervención del bulevar Benito Monción supuso una inversión superior a RD$623 millones, dentro de un programa cuya inversión total supera los RD$1,200 millones. Una segunda fase contempla la intervención de la calle Del Sol como bulevar mixto.
Pero la verdadera prueba no será cuánto se invierte. Será qué ocurre después. Quién vive allí. Quién abre un negocio. Quién restaura una casa. Qué edificios permanecen. Y si el espacio público vuelve a pertenecer realmente a la ciudad.
El Santiago que queda fuera del mapa
El Santiago patrimonial es, además, más grande que el Centro Histórico definido por el Decreto 172-91. El Monumento a los Héroes de la Restauración, La Joya, Los Pepines, el antiguo Cerro del Castillo y el entorno de la avenida Hermanas Mirabal forman parte de una historia urbana que desborda el perímetro oficial. La discusión sobre ampliar la mirada patrimonial hacia otros sectores de la ciudad ha sido planteada por especialistas y actores locales. Ampliar el mapa también significa ampliar la responsabilidad: más edificios, más propietarios, más memoria que proteger.
El Santiago que cada quien lleva adentro
Al final, ningún inventario consigue registrar completamente una ciudad. Puede contar sus inmuebles, clasificar sus estilos, medir sus manzanas, identificar sus fechas. Pero no puede registrar el sonido de una tienda cerrando por última vez. La esquina donde alguien esperaba todos los días. El olor de una farmacia. La música que salía de un club. El vendedor que todo el mundo conocía. La casa que desapareció y que, sin embargo, todavía aparece intacta en la memoria de quienes la conocieron.
Las fachadas cambian. Los negocios abren y cierran. Los edificios se restauran o desaparecen. Pero la ciudad que la gente lleva adentro puede sobrevivir incluso cuando el edificio ya no existe. Quizá por eso caminar el centro histórico de Santiago es algo más que mirar arquitectura. Es comprobar cuánto de una ciudad puede sobrevivir a sus propios cambios. Y cuánto depende de nosotros que sobreviva lo que todavía queda. ¿Cuál es el tuyo?
|
Suelto George Khoury quería que el patrimonio pudiera recorrerse digitalmente George Wassaf Khoury Noba, arquitecto y artista visual santiaguero fallecido en julio de 2022, dedicó buena parte de su trabajo a documentar la arquitectura y el patrimonio cultural dominicano. Su aproximación no se limitó a replicar casas victorianas. Realizó una recopilación sistemática de imágenes digitales de edificaciones antiguas del país, acompañadas de información sobre sus características arquitectónicas y su importancia histórica. El registro abarcó Santiago y otras provincias donde todavía perduran casas victorianas y otros estilos de la arquitectura dominicana del ayer. También intervino en trabajos de restauración de iglesias y catedrales dominicanas. Pero quizá su proyecto más ambicioso fue el Virtual Island Project 3DDR, concebido como un museo de realidad virtual dedicado al patrimonio cultural de la República Dominicana. La idea era hacer recorrible digitalmente un patrimonio que, en muchos casos, estaba disperso, deteriorado o en riesgo de desaparecer. Khoury entendió algo esencial: documentar también es conservar. Su trabajo abarcó además colecciones relacionadas con el patrimonio taíno y otros componentes del acervo cultural dominicano. Parte de esos materiales permanece bajo custodia de su familia y podrían ser retomados. |
FuentesDecreto 172-91, del 29 de abril de 1991, que declara Zona Monumental Patrimonial el Centro Histórico de Santiago de los Caballeros. Guía de Arquitectura de Santiago de los Caballeros (2024), coordinada por Oscar Polanco Reynoso, con investigación histórica de Edwin Espinal Hernández y arquitectónica de Carlos Guillén y Martín Rosario. Espinal Hernández, Edwin. Historia social de Santiago de los Caballeros, 1863-1900. Dobal, Carlos. Santiago ciudad victoriana, UNESCO, 1975. Archivo Histórico de Santiago, calle Restauración No. 124. Normativas y levantamientos del Centro Histórico de Santiago, Dirección Regional de Patrimonio Monumental. Proyecto “Volver al centro”, BID, Laboratorio de Diseño Urbano y Universidad Técnica de Viena, 2016. Centro Cultural Banreservas, documentación histórica y arquitectónica del antiguo Hotel Mercedes.
|
Sobre Kriteria Publicación digital dominicana de análisis, ideas y cultura. Periodismo lento, no partidista y de oficio, frente al ruido. Web kriteria.org |
Last modified: septiembre 25, 2026

