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Jacinto Domínguez: la deuda histórica con la luz del Cibao

Retrato de Jacinto Domínguez, maestro pintor cibaeño y fundador de una escuela de discípulos.





Jacinto Domínguez: la deuda histórica con la luz del Cibao


Perfil / Arte

El maestro Jacinto Domínguez es de esos escasos creadores que aprendió desde muy niño a ver la luz en los demás y la gracia en cada conjunto de cosas.

C
ada pueblo tiene una identidad que está signada por ese todo que somos, por esa mezcla continua de los elementos que lo constituyen y se expresan espontáneamente en nuestra forma de ser y estar. Cada país es el conjunto de hechos que lo han construido: su historia, su geografía, su cultura, su luz, sus fortalezas, sus debilidades y sus aspiraciones. Cada nación tiene tareas pendientes con su pueblo, con sus gentes y con las demás naciones a su alrededor; amarlo y sentirlo es la forma idónea de encontrar el sentido en que deberíamos servirle.

En su formación y consagración al oficio, a un artista plástico se le exige la totalidad de su atención para adquirir unos bienes técnicos y espirituales sin los cuales se hace imposible la potencialización de su talento. Su obstinada entrega al conocimiento de los elementos con los que se va a expresar, desde el punto y la línea, el plano, el volumen, los cuerpos, la luz y la sombra, hasta su entorno, la naturaleza, el cuerpo humano y animal y sus movimientos, funciona como aprehensión del signo vital donde convergen el sentimiento, el gesto y las emociones. Todo esto es el resultado de un proceso lento de adquisición e independencia a través del continuo ensayo en busca de los aciertos. Es así que, por tales exigencias, a un verdadero artista lo produce una sociedad cada cien años; salen uno o dos, y el resto se pierde en la muchedumbre de los intentos vanos que no superaron las difíciles pruebas.

Un pintor cibaeño, heredero de la luz

Un artista pintor es una singularidad: una mirada azorada sobre el paisaje que contempla y que, recordando lo esencial, lo plasma elevando lo particular a la categoría de lo eterno. El maestro Jacinto Domínguez es de esos escasos creadores que aprendió desde muy niño a ver la luz en los demás y la gracia en cada conjunto de cosas. Así, en su síntesis magistral, despoja el motivo de lo superfluo, como aquel mago que sobre el muro abre ventanas para airear la sala y ofrendar como premio el regocijo de la mirada. En esa búsqueda continua de aciertos para el alma, emprendió desde hace muchos años el viaje hacia la excelencia de su arte, un espejo particular donde nos reunimos para recordar quiénes hemos sido, quiénes somos y quiénes deberíamos ser.

Pintor cibaeño, fiel a la tradición de los artistas capaces de captar la luz del lugar donde han nacido con una maestría y calidad de recursos que hacen al espacio digno de todo el elogio que ha de merecer. Hay un viento iluminado que viaja como monzón y encarna en las miradas por donde se ha asomado Dios, de esos espacios que en mi tiempo me han sabido inspirar. Soy testigo despierto, heredero de su mirar; su ojo corteja la luz en escalas iridiscentes hacia el interior de su mundo iluminado y lleno de gentes.

Y mientras acontece el asombro, en nuestro cuerpo y en su color nos hacemos comunes a su sí, celebrando su atención de ver en cada espacio un tiempo para aprender. Sus líneas, como música dispersa, bordean, amarran y sueltan, sumando a la experiencia el ennoblecimiento del que ve. Desde sus mágicas ventanas saluda el tiempo presente, se reúne la gente y no entiende cómo es; pues en sus pinturas está la conjunción de muchos planos con colores que se gastan antes de llegar al final, obligándonos a volver a ver y, en el goce, tratar de recordar. Trae el sol de las Antillas, el viento entre las montañas y una vecindad que inspira el motivo de toda verdad. Lo local, tan bien nombrado, se hace al fin universal, y se entiende en todas partes la ternura de su acento, bien atenta en la mirada el oro de este gran cuento. Entre la luz, el color y las sombras, aquí se oye el rumor del río y los pasos de quienes temprano saludan al sol. El paraíso tiene nombre: el Cibao, sí señor, ese valle donde el maestro Jacinto se ha hecho devoto de ese tiempo de la luz en que cada espacio es asombro.

Una escuela de discípulos

La Escuela de Bellas Artes, de la cual fue maestro y director, tiene un premio en su legado por varias generaciones. Por la escuela de Santiago, donde Yoryi Morel se hizo amante de una marchanta que traía flores a su casa, Mario Grullón cortejó a una negra que lo veía y sonreía, y Federico Izquierdo, muy dispuesto a celebrar, pintó el baile de la cita y una fiesta en enramada. De ese grupo de colegas, amigos sabios y elocuentes, Jacinto, el de los murales y un mercado lleno de gentes, se hizo notable en el grupo por su genio, su talento, su dimensión divina y una paciencia exquisita de intentarlo hacer mejor. Hace mucho que merece el Premio Nacional de Pintura y, por su vasta producción, un libro que recoja todo ese oro, así como un museo de su mejor creación. De su cosecha de talentos formados por su enseñanza tenemos a los maestros Málido Lora, Nel Cruz, Carolina Cepeda, Víctor Tavárez, Chiqui Mendoza, Tany Pérez, Valentín Domínguez, José Anico, Norma Barbuena, Simón Martes, Eusebio Vidal, Nicolás Casados, Dionisio Peralta y Fredis Burgos, entre otros.

El diálogo-recorrido en el Museo de Arte de Santiago

El 26 de febrero de este 2026 se celebró en el recién inaugurado Museo de Arte de Santiago (antiguo Hotel Mercedes) el primer diálogo-recorrido con el maestro Jacinto Domínguez. Frente a una nutrida concurrencia que respondió a la convocatoria, su directora, la entusiasta artista Yina Rodríguez, hizo un recorrido por los hitos y premios que ha recibido el maestro a través de sus años. Habló del placer y la alegría de que fuera esa gran gloria con quien se iniciara el calendario de actividades pautadas para este año. Entre sus reconocimientos resaltan la Medalla de Oro al Mérito del Magisterio Nacional por el Ateneo Amantes de la Luz, el diploma de Maestro de las Artes otorgado por la Universidad Complutense de Madrid, el haber sido el primero en hacer una exposición en la Galería de Arte Arawak (dirigida por Mildred Canahuate en Santo Domingo), el homenaje en Casa de Arte a sus 50 años de vida creativa en el Centro de la Cultura, y su reconocimiento al mérito en el Banco de Reservas de Santo Domingo. Asimismo, destacó lo fecundo de sus maestros en su aprendizaje, señalando en especial al maestro muralista José Vela Zanetti, de quien Jacinto fue el más aventajado de sus alumnos, a Antonio Prats Ventós y a Negro Disla Guillén.

Luego, el público fue guiado en el recorrido a través de los diferentes espacios de la galería por el arquitecto José Manuel Antuñano Peralta, museógrafo y curador de la institución, quien fue presentando la muestra y abriendo un espacio para preguntas y respuestas. Fue un itinerario muy ameno, lleno de anécdotas y muestras de afecto recíproco.

“Jacinto Domínguez es la máxima expresión pictórica de esta región.”

Juan Jorge, coleccionista, catedrático y exembajador

Al finalizar el recorrido, me concedieron la palabra y recité la siguiente poesía en honor a la vida y obra del maestro.

Canto a Jacinto Domínguez

Desde niño muy pequeño
Casi siempre al despertar
Con sus ojos entreabiertos
La luz le invito a jugar

Con colores de mil tonos
Y un latido que seguía
El movimiento en los cuerpos
Que celebraban la vida

Con el barro entre sus manos
Saco del polvo en silencio
Mil figuritas asombradas
Que decían padre nuestro

Jacinto si yo te cuento
El asombro de aquel día
Cuando vi yo tus murales
Como sentí la alegría

De un areito danzante
Como repartían el pan
En casa de Jesús y María
En aquella catedral

Decía el maestro Zanetti
De aquel inquieto aprendí
Que tenía el oro del tiempo
Que anunciaron por venir

Frente al diego de Ocampo
En el barrio libertad
En un estudio pequeño
El arte se hizo real

Los recuerdos de la escuela
Pechos peluses asombrados
del maestro y su sapiencia
como faro iluminado

De jacinto traigo el día
Para fiesta en la mirada
Una ventana de luz
Con que bendice la sala

De esa memoria tan lucida
Que trae el genio en su rol
Para recordar y contar
De nosotros nuestro sol

De esa negra vende flores
Con un paisaje en la piel
De esos niños y sus chichiguas
Y ese merengue como es

De ese mercado tan lleno
De frutas y gente corrientes
Donde Enaltece el sudor
En paisaje iridiscente

De jacinto traigo el día
Para fiesta en la mirada
Una ventana de luz
Con que bendice la sala

Gracias maestro tu entrega
Tu sagrada vocación
Con que corona tu estrella
Y me inspira ser mejor

Que dios bendiga tus manos
con que ha sabido soñar
viva Jacinto Domínguez
Luz de nuestra humanidad

Ricardo A. Toribio
Macizo Central, Antillas Mayores

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Por

Ricardo A. Toribio

Artista plástico y poeta de las Antillas Mayores. Colaborador invitado de Kriteria.

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Last modified: septiembre 25, 2026

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