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emky Madera tenía cinco o seis años cuando vio a Marlon Brando por primera vez, en un canal de HBO, sentado frente al televisor de su casa. “Yo quiero hacer lo que él hace”, pensó, y esa frase, dice hoy, nunca se le fue de la cabeza.
Un niño solo, actuando para nadie
Creció en El Embrujo, en Santiago, en la primera casa que se construyó ahí. Hijo único, sin vecinos durante años, se llenaba los días viendo películas y series, y después reproduciéndolas solo, sin público, en el patio o en su cuarto. “Yo estaba solo, llegaba del colegio y estaba jugando y haciendo todo, reactuando todo lo que yo veía en la televisión o en el cine”, recuerda. Eso, dice, se lo pasó su niñez entera.
Nadie en su entorno sabía todavía que esa costumbre de niño terminaría siendo una carrera. Ni siquiera él.
Alfonso, Panchi y el primer curso en Santiago
El puente entre ese niño y el actor lo tendió Frank “Panchi” Perozo, su amigo y compañero de generación. Un día le dijo: Alfonso Rodríguez va a dar un curso de actuación en Santiago, necesitamos gente. Madera no conocía a Alfonso. Había olvidado que soñaba con actuar. Fue de todos modos, audicionó, quedó aceptado, y ahí empezó todo.
De Alfonso Rodríguez, ya entonces un productor consolidado en Santo Domingo, Madera lo recuerda con respeto, cariño y admiración: lo describe como alguien de mucho mérito que le brindó su primera oportunidad. De Panchi habla distinto, no como de un colega, sino de sangre: “no es uno de los míos, es mi hermano”, dice. Recuerda que ambos audicionaban para proyectos separados y terminaban, una y otra vez, en las mismas producciones; cuando Madera se fue a Los Ángeles, Perozo se quedó construyendo su carrera en República Dominicana. Cada uno tomó su camino, pero la raíz siguió siendo la misma.
Ese vínculo tiene un capítulo que Madera guarda con especial cariño. Cuando Perozo ganó su primer premio Soberano, el máximo galardón del entretenimiento dominicano, se lo regaló a la madre de Hemky, a quien considera “una segunda madre”.
Para Hemky, ser hijo de la propietaria de una reconocida tienda en Santiago lo hizo una persona que recibía la atención de su entorno mucho antes de pisar un set; los chismes de lo que hacía, bromea, siempre llegaban a su casa primero. “Eso fue mi escuela para la fama”, dice entre risas. Atesora sus vivencias en esta ciudad y guarda la memoria de gestos, entonaciones y personajes reales de Santiago, lo que sigue siendo, según él, la fuente de la que saca material actoral hasta hoy.
El personaje que iba a durar dos capítulos
El quiebre real, el que cambió su vida, llegó hace poco más de veinte años, con la serie Weeds de Showtime. El personaje estaba pensado para aparecer en dos episodios y nada más. En el segundo, durante una escena con Elizabeth Perkins, improvisó: le lanzó un besito fuera del guion, un gesto bien dominicano que no estaba escrito en ningún lado pero que sostuvo en personaje hasta el final de la toma.
El set entero reaccionó. Uno por uno, los técnicos se le fueron acercando para decirle lo mismo: que se acababa de escribir en el próximo capítulo, y en el resto de la temporada. Madera no entendía de qué le hablaban. Al día siguiente se lo confirmó su gente. “Yo me quedé como que, ok, ok, cool”, recuerda.
Lo que vino después terminó de sellarlo: una escena con Mary Louise Parker en la que ambos improvisaron, toma tras toma, subiendo y bajando de tono juntos, sin ensayarlo. Cuando terminaron, ella desapareció del set; Madera pensó que había arruinado la escena. Regresó cinco minutos después. Había ido a hablar con el guionista. “Yo quiero más de ti”, le dijo. El personaje que iba a durar dos capítulos se convirtió en tres temporadas, y en uno de los papeles más recordados de la serie. Esas puertas abrieron las siguientes: la audición para La Reina del Sur, y de ahí, dice, su carrera explotó.
Uribe, el bodeguero, y el tigueraje con corazón
De todos los personajes que ha interpretado, villanos, policías, deportistas, hay uno que Madera señala sin dudar como el más cercano: Uribe, el pelotero dominicano de cuarenta y tantos años varado en las ligas menores, en la serie Brockmire. Lo describe como un charlatán en el mejor sentido, un tigueraje dominicano completo: mujeriego, padre de doce hijos, y con amor absoluto detrás de la fachada. “Fue una chulería”, dice. Para construirlo recurrió a lo mismo de siempre: observar, en un colmadón, en las gradas de un play de pelota, en cualquier esquina con público.
Esa misma picardía, “muy propia del dominicano”, es la que asocia con su papel de bodeguero en Spider-Man: Homecoming, un personaje escrito específicamente como dominicano por estar ambientado en Nueva York. Su carrera, además, no se ha quedado en la pantalla tradicional: también ha puesto voz a videojuegos, entre ellos Uncharted 4: A Thief’s End, y ha participado en cine de animación como Rango, un terreno que menciona como parte natural de una trayectoria que abarca series, miniseries y largometrajes por igual.
Ser latino en una industria que todavía encasilla
Madera reconoce que la industria sigue teniendo perfiles predefinidos, y que buena parte de su trabajo ha sido resistirse a ellos: pasar de un doctor a un agente del FBI en Euphoria, de un empresario en Sheriff Country a los villanos que, admite, disfruta interpretar porque no tienen ningún riel que lo detenga. Su origen latino no lo ha frenado para hacer papeles que no fueron escritos pensando en un actor latino, aunque es consciente de que la representación en pantalla “no está tan adelantada como nos gustaría a todos los latinos”, pese a los avances. “Lo que hay que seguir es rompiendo puertas”, dice.
Lo que el público no ve
Detrás de los créditos hay, según Madera, esfuerzo, perseverancia y sacrificios. A los actores les toca conseguir agente, grabar autoaudiciones, y meses, a veces años, sin trabajo entre un proyecto y otro. En sus primeros años en Los Ángeles, Madera recuerda que combinó la actuación con otros trabajos; hace catorce o quince años que vive exclusivamente de actuar, algo que describe como una dicha, no como un derecho ganado de antemano.
Frente a ese panorama, se sabe una excepción. Lleva poco más de dos décadas, desde Weeds, con trabajo prácticamente constante, y lo entiende como un privilegio: conoce a colegas con igual o más reconocimiento que él que han pasado dos o tres años sin un solo proyecto. “Esas son las cosas que la gente no ve”, dice.
Familia primero
Madera está casado con una cantautora estadounidense y tiene dos hijos, de 15 y 9 años, a quienes describe como criados entre dos mundos artísticos: la actuación de él y la música de ella. Habla del matrimonio como una sociedad de sacrificios mutuos, nunca en una sola dirección. Mientras filmaba La Reina del Sur en Dallas, viajaba cada fin de semana a Los Ángeles para estar con su hijo mayor, incluso después de grabar hasta la madrugada del viernes: directo al aeropuerto, un vuelo, un día entero juntos, y de vuelta el domingo. Su único límite es la logística: si un vuelo toma más de quince horas, no puede hacerlo. Durante el rodaje de Play Dirty en Australia, junto a Mark Wahlberg, su familia lo acompañó buena parte de las cinco semanas de filmación.
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Trayectoria
Filmografía destacada de Hemky Madera
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Lo que la inteligencia artificial no tiene
Sobre el avance de la inteligencia artificial en el cine y las producciones audiovisuales, Madera es enfático: la tecnología no va a desaparecer y puede ser útil, comparable a un corrector ortográfico dentro de un proyecto creativo, siempre que el humano siga al mando. Pero no sustituye el contacto humano. Percibe una tristeza implícita en las producciones generadas completamente con IA, algo que, sostiene, ni la tecnología más avanzada logra disimular.
Ese argumento lo conecta con un consejo que repite a cualquiera que quiera empezar en el cine o la actuación, sin importar la edad: hoy no hace falta una cámara costosa para filmar, editar y publicar una historia. Basta un teléfono. Cita a Ed Sheeran para insistir en que el miedo al fracaso es el mayor freno, y pone como ejemplo a un director que fue rechazado en la escuela de cine y hoy es uno de los más cotizados de la industria. “No tengan miedo al fracaso”, dice. “Si tú no fracasas, ¿cómo tú vas a mejorar para ser mejor?”
Dirigir, y que gane una película dominicana
Su próxima meta es dirigir: proyectos propios y oportunidades para actores dominicanos con quienes ha trabajado durante años. Sueña, además, con ver una película dominicana competir y ganar como mejor película extranjera en los premios Oscar, sea o no parte de ese proyecto. Sobre la industria del cine dominicano, celebra el crecimiento técnico logrado gracias a la Ley de Cine y espera que esa política se mantenga vigente, no por su propio beneficio, dice, sino por los compañeros que siguen trabajando frente y detrás de cámara en el país.
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Por
Castalia Vargas
Periodista y editora, escribe sobre cultura, sociedad y políticas públicas en la República Dominicana.
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Last modified: septiembre 21, 2026

