PNUD · Informe 2026
El PNUD advierte que América Latina es la región en desarrollo más democrática del mundo, pero también la más insatisfecha con su democracia. La República Dominicana aparece como caso singular: alta convicción democrática, baja confianza en las instituciones, y una tensión creciente con los inmigrantes.
IDH República Dominicana · grupo “Alto”
Apoya la democracia como mejor sistema · Caribe 2024
Remesas recibidas 2024 · 9,05% del PIB
Índice global de impunidad · escala 0–100
El Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo publicó su nuevo Informe sobre Democracia y Desarrollo para América Latina y el Caribe, subtitulado Democracias bajo presión. Es la evaluación más amplia sobre los sistemas políticos de la región desde aquel primer informe de 2004. Su conclusión central no es un epitafio democrático, pero sí una advertencia: la democracia sobrevive, pero lo hace cada vez más desconectada de las aspiraciones cotidianas de quienes supuestamente gobierna.
La región logró algo históricamente excepcional: consolidarse como la zona en desarrollo más democrática del mundo. Más de cuatro de cada cinco ciudadanos de América Latina y el Caribe viven bajo gobiernos elegidos competitivamente. El Índice de Desarrollo Humano de la región pasó de 0,648 en 1990 a 0,783 en 2023. Ese es el activo.
Pero ajustado por desigualdad, ese IDH cae un 21%. El 10% más rico concentra casi el 37% del ingreso; el 40% más pobre accede apenas al 13%. Menos de la mitad de la población se declara satisfecha con el funcionamiento de la democracia. Y más del 70% percibe que los gobiernos responden a intereses particulares, no al bien colectivo.
“La promesa del progreso no se ha traducido en mejoras tangibles para amplios sectores. Para las personas, votar no es suficiente: también demandan seguridad, justicia y oportunidades. Cuando la democracia no responde, su promesa pierde credibilidad.”
Informe sobre Democracia y Desarrollo 2026 · PNUD
El informe construye su análisis sobre un triángulo inseparable: la democracia como régimen político, el desarrollo humano como expansión de capacidades y el Estado como la institución que articula ambas. Cuando los tres vértices se refuerzan mutuamente, la región avanza. Cuando alguno falla, los demás se debilitan. El diagnóstico de 2026 es que los tres presentan grietas simultáneas.
Polarización sin precedentes
América Latina es la región más polarizada del mundo: 3,4 sobre 4 en el índice V-Dem, por encima del promedio global de 2,9. El adversario ya no es un contrincante legítimo, sino una amenaza existencial. Esto bloquea acuerdos y abre paso a liderazgos que explotan el malestar sin resolver causas estructurales.
Desinformación y ecosistema digital fracturado
El 76% de las personas en ALC cree que circula información falsa en redes sociales. La confianza en medios ha caído dos décadas seguidas. La inteligencia artificial añade técnicas de manipulación que ya operan en procesos electorales de la región.
Crimen organizado que captura instituciones
ALC acumula casi un tercio de los homicidios mundiales con el 9% de la población. El crimen ha penetrado procesos electorales, financia campañas y neutraliza fiscales. En algunos territorios suple al Estado en la provisión de orden básico.
Migración masiva con actitudes hostiles
Más del 30% de la población en ALC contempla emigrar en los próximos tres años. Al mismo tiempo, la mitad cree que los inmigrantes perjudican al país. Esta tensión alimenta narrativas populistas y erosiona la cohesión social que sostiene la democracia.
Crisis climática con gobernanza débil
La “triple crisis planetaria” impacta de forma desproporcionada a los más vulnerables. El gasto en protección ambiental sigue siendo bajo y las instituciones carecen de coordinación para gestionar bienes comunes a escala regional.
La brecha entre ideal y realidad democrática
El porcentaje que considera que las elecciones en su país son fraudulentas pasó del 48,5% al 60,6% entre 2018 y 2024. La libertad de prensa registra retrocesos desde la última década. Los espacios cívicos se contraen en América Latina.
Dentro del análisis regional, República Dominicana emerge con un perfil que no encaja en un solo casillero. Es uno de los países con mayor respaldo ciudadano a la democracia, sus instituciones de diálogo son citadas como modelo, y varios indicadores de gobernanza son comparativamente favorables. Pero el cuadro también contiene zonas de alerta.
En el Índice de Democracia Electoral de V-Dem, el país se ubica en un segundo grupo caribeño con puntajes “relativamente altos, aunque con mayor variabilidad temporal”. El informe señala que estas fluctuaciones no implican ruptura del régimen electoral, pero sí sugieren variaciones en la calidad institucional o la competencia política.
Con un 64% de ciudadanos que consideran la democracia el mejor sistema posible, República Dominicana lidera junto a Las Bahamas el respaldo democrático en el Caribe. Que el país mantenga ese nivel mientras la tendencia regional es de declive sostenido en las últimas dos décadas es, en ese contexto, un activo político no trivial.
Más allá del apoyo normativo a la democracia, varios indicadores ubican a República Dominicana en posiciones que merecen análisis. El primero es la percepción negativa hacia la inmigración.
Con un 59,3%, el país supera el promedio latinoamericano (51,4%) y se sitúa como el sexto más hostil hacia los inmigrantes de la región. El informe advierte que cuando estas actitudes son políticamente instrumentalizadas, erosionan la cohesión social y fortalecen narrativas que reducen la migración a un problema de orden público, clausurando el debate más complejo sobre integración y derechos.
El segundo dato que llama la atención: República Dominicana encabeza la lista regional de países donde mayor porcentaje de ciudadanos considera justificable evadir impuestos. Esta percepción está directamente ligada, según el informe, a la desconfianza en las instituciones y a la sensación de que el Estado no redistribuye con justicia. Es un dato que interpela tanto a la clase política como al debate fiscal pendiente.
“En República Dominicana, los estudios documentan formas de movilización política transnacional, incluida la institucionalización del voto en el exterior, aunque la evidencia sobre los efectos en la calidad democrática doméstica es más limitada.”
PNUD · Informe sobre Democracia y Desarrollo 2026, Capítulo 7
En el capítulo sobre migración, República Dominicana figura entre los principales receptores de remesas de la región. En 2024, el país recibió 11.250 millones de dólares, equivalentes al 9,05% del PIB, ubicándose cuarto en valor absoluto regional —detrás de México, Guatemala y Colombia— y por delante de Honduras y El Salvador.
La diáspora dominicana ha construido una presencia política real: el país es uno de los pocos en la región donde los emigrantes eligen representantes directos en el parlamento nacional —siete diputados de ultramar en tres circunscripciones internacionales—. El informe cita este diseño institucional como modelo regional junto a Colombia y Ecuador.
Este vínculo entre diáspora y política doméstica tiene consecuencias ambivalentes. Puede transmitir normas y prácticas democráticas desde países de destino más consolidados —las llamadas “remesas sociales”—. Pero la evidencia sobre si ese efecto se traduce en mejoras concretas de la calidad democrática es, admiten los autores, “más limitada” en el caso dominicano.
En el capítulo final sobre cómo renovar las democracias, el Consejo Económico y Social de la República Dominicana (CES-RD) es citado como ejemplo de deliberación institucional que funciona. El informe plantea que instancias como el CES-RD “han mostrado que es posible canalizar el antagonismo hacia acuerdos sostenibles”, ubicándolo junto a los cabildos constitucionales en Chile y los procesos de mediación de las Defensorías del Pueblo de otros países.
La pregunta que el informe deja abierta es cuánto de ese potencial deliberativo incide efectivamente en las decisiones que afectan la vida cotidiana. La brecha entre deliberación y acción política es, en toda la región, uno de los déficits más persistentes.
Entre los cinco países estudiados en un análisis específico del PNUD sobre violencia digital contra mujeres con voz pública, República Dominicana registró el nivel más bajo: apenas el 5,2% de las interacciones dirigidas a mujeres públicas contenía expresiones violentas. En México y Bolivia esa cifra fue del 40,6%. El estudio analizó más de un millón de publicaciones en X (antes Twitter) en cuentas de 351 mujeres.
El informe es cuidadoso en señalar que este dato no reduce la gravedad del fenómeno —en todos los contextos, las mujeres con visibilidad enfrentan agresiones que cuestionan su legitimidad—, pero sí indica diferencias sustanciales entre contextos nacionales que merecen investigación adicional.
Las recomendaciones del PNUD se organizan en cinco nodos críticos: asegurar la integridad electoral, reducir la desigualdad política y económica, fortalecer el Estado de derecho, regular el ecosistema digital y construir puentes entre ciudadanos y representantes.
Para la República Dominicana, esto se traduce en agendas paralelas: avanzar en una reforma fiscal que recupere la legitimidad de la recaudación; construir una política migratoria que combine orden legal con integración real; reducir la percepción de impunidad —el índice de 33,89 ubica al país en posición media-baja regional—; y consolidar los espacios de concertación como el CES-RD con incidencia efectiva y no solo simbólica.
“Las democracias que no logran responder a las demandas ciudadanas pierden legitimidad. Y los Estados con capacidades limitadas ven restringida su posibilidad de transformar decisiones políticas en progreso social.”
Michelle Muschett, Directora Regional PNUD para ALC · Prólogo del informe
El informe cierra con una advertencia que aplica con igual fuerza a Santo Domingo que a Bogotá o Ciudad de México: la democracia no se derrumba necesariamente por golpes de Estado. Se erosiona gradualmente, cuando los ciudadanos dejan de creer que su voto cambia algo, cuando la polarización convierte al adversario en enemigo y cuando el Estado deja de ser árbitro para convertirse en botín. El reto no es salvar la forma democrática. Es llenarla de contenido.
Fuente: PNUD/RBLAC (2026). Informe sobre Democracia y Desarrollo 2026: Democracias bajo presión. Reimaginar los futuros de la democracia y el desarrollo en América Latina y el Caribe. Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo. Los datos son tomados directamente del documento; las inferencias editoriales son responsabilidad de Kriteria.
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Last modified: junio 24, 2026

