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Los secretos que el pasado susurra, Edwin Espinal nos los cuenta

Ameno e ilustrado, el historiador nos presenta hechos fascinantes del pasado: linajes sorprendentes, mitos persistentes y figuras que merecen una segunda mirada.

El historiador y genealogista habla de momentos que marcaron la nación, de la mulata de la que descienden presidentes, un cardenal y una Miss Universo; y de figuras que la historia ha sobrevalorado e infravalorado.

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Personajes que la historia oficial debería revalorizar
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Momentos especialmente memorables en la historia dominicana
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generaciones de la élite santiaguera que descienden de una mulata del siglo XVII

Edwin Espinal llegó a la historia por los colores de un libro de primaria, y a la genealogía, por una reunión familiar que nunca se realizó. Esos dos accidentes biográficos lo convirtieron en uno de los estudiosos más originales del pasado dominicano, el único historiador joven en un campo dominado por mayores. Hablar con él es navegar entre documentos y revelaciones que incomodan.

Con apenas trece años empezó a rastrear sus orígenes en la familia Pichardo, guiado por su abuela materna. Poco después visitó el Archivo Histórico de Santiago, donde conoció a Román Franco Fondeur, quien lo conectó con sus mentores Carlos Dobal y Julio Genaro Campillo Pérez. No es un historiador de biblioteca: es uno de campo, de fuentes primarias, de archivos.

“Hay muchos episodios y procesos de nuestra historia que deberíamos rectificar. Nuevos acercamientos a partir de documentos, en su momento desconocidos, permiten redescubrirlos y plantear lecturas distintas.”

Puntos de inflexión de la historia dominicana

Preguntado sobre los grandes puntos de inflexión de la historia dominicana, Espinal no duda y cita varios momentos claves: “las devastaciones de Osorio, la Era de Francia, la Reconquista, la Ocupación Haitiana, la Independencia, la Guerra de la Restauración, la Ocupación Norteamericana, la Era de Trujillo y la Guerra de Abril.”

Los momentos de mayor orgullo

Espinal destaca dos como especialmente memorables: la Restauración y la Guerra de Abril. Su hilo conductor: ambas representaron el restablecimiento de la soberanía del Estado dominicano.

Personajes que la historia juzgó mal

También asegura que “así como hay relatos que deben ser modificados, lo mismo puede decirse de muchos personajes polémicos, unos sobrevalorados y otros no tomados en cuenta, que merecen que sean vistos con nuevos prismas. Figuras que en un momento fueron independentistas y luego anexionistas, dictadores, traidores considerados impolutos, cambiachaquetas, en fin, el universo es multivariado. Solo en la historia republicana hay muchos…”

Personajes republicanos que requieren ser vistos con nuevos prismas: Pedro Santana, Tomás Bobadilla, Buenaventura Báez, Luperón, Gaspar Polanco, Lilís, Ramón Cáceres, Horacio Vásquez, Balaguer, Bosch.

La mulata que fundó la oligarquía

Quizás el hallazgo genealógico más llamativo que comparte Espinal es el de Catalina de Lora, una mulata del siglo XVII casada con Pedro Morell de Santa Cruz. De ella descienden doce generaciones, entre ellos dos presidentes de la República (Ignacio María González y Rafael Estrella Ureña), jueces de la Suprema Corte y del Tribunal Constitucional, la única Miss Universo dominicana (Amelia Vega), el fundador del banco privado más importante del país (Alejandro Grullón Espaillat) y el cardenal Nicolás de Jesús López Rodríguez.

Contexto

¿Quién fue Catalina de Lora?

Catalina de Lora fue una mujer mulata del Santiago colonial del siglo XVII, hija de Alonso López y Juana María de Lora. Se unió al militar Pedro Morell de Santa Cruz, gobernador interino de Santiago, con quien tuvo ocho hijos antes de formalizar el matrimonio.

Dos de sus hijos, Fernando y Mariana, generaron las ramas que con el tiempo se entrelazaron: sus nietos se casaron entre sí, y de esa unión descendieron los Tavares y los Espaillat, los dos comerciantes más ricos del Santiago del siglo XIX. Ambos eran primos entre sí sin saberlo, y además parientes de sus propias esposas, también descendientes de Catalina.

De esa misma sangre descienden los Vega, Cabral, Bermúdez, Viñas, Thomén, Penzo, Valverde, Pastoriza y decenas de apellidos que conformaron la oligarquía santiaguera. Su descendencia alcanza doce generaciones, con miembros nacidos en el siglo XXI.

Entre sus descendientes figuran dos presidentes de la República: Ignacio María González, su tataranieto, y Rafael Estrella Ureña, su séptimo nieto. También la única Miss Universo dominicana, Amelia Vega; el cardenal Nicolás de Jesús López Rodríguez; el fundador del Banco Popular, Alejandro Grullón Espaillat; y jueces de la Suprema Corte de Justicia y el Tribunal Constitucional.

Uno de sus hijos, Pedro Agustín Morell de Santa Cruz, llegó a obispo de Nicaragua y de La Habana. Sin embargo, debió abandonar Santo Domingo cuando en 1716 los regidores del ayuntamiento escribieron al rey de España oponiéndose a su ingreso al cabildo eclesiástico por ser hijo de una mulata.

Su nombre no aparece en los libros de historia. Pero su sangre sí.

“La constatación de que una mulata sea la genearca de miles de dominicanos es un hecho excepcional.”

Para Espinal, ese “negro detrás de la oreja” que menciona Juan Antonio Alix no es un secreto vergonzoso sino la clave de lectura de la élite santiaguera. El tronco masculino de la oligarquía, en cambio, lo identifica en Ulises Francisco Espaillat. La unión con las familias denominadas oligárquicas se inicia en la tercera generación de sus descendientes, al entroncar sus nietos con las familias Vega, Pastoriza y Tavares. En la generación siguiente aparecen las relaciones por línea colateral igual (primos), continúan las uniones con los Tavares y surgen entronques con los Cabral, Bermúdez y Haché. Con los tataranietos, sólo dos casos representan la ligazón familiar cercana, mientras aparecen los enlaces con los apellidos Bonetti, León y Thomén. José María Cabral y Báez y Petronila Bermúdez Rochet podrán representar el “tronco económico” de la oligarquía dominicana, por los enlaces de sus hijos con los Vicini, Reid, Vega, Tavares, Espaillat y Arzeno Brugal, pero Ulises Francisco Espaillat es sin dudas el “tronco genealógico” (masculino) de la oligarquía dominicana.

Historia en pantalla

Sobre el futuro del registro histórico, Espinal observa un cambio de soporte ya en curso: lo visual desplaza a lo escrito en las redes sociales, especialmente entre jóvenes. Al mismo tiempo, la digitalización de archivos y bibliotecas ha democratizado el acceso a fuentes que antes exigían viajes y permisos. “El registro de la historia será multivariado y, en esa misma medida, sus fuentes serán diversas.” Una advertencia implícita: más fuentes no garantiza más rigor.

Fuente: entrevista directa a Edwin Espinal, historiador y genealogista dominicano.

CV

Por

Castalia Vargas

Periodista y editora, escribe sobre cultura, sociedad y políticas públicas en la República Dominicana.

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Kriteria

Análisis, ideas y cultura para una ciudadanía consciente en la República Dominicana.

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Last modified: junio 24, 2026

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