Written by 7:41 am PORTADA

Perspectiva global 2026: Nelson Espinal Báez analiza puntos críticos

Nelson Espinal ausculta las fracturas del sistema y propone claves para gestionar tensiones sociales, institucionales y geopolíticas antes de que escalen.



Entrevista

Ante la acumulación de tensiones sociales, institucionales y geopolíticas, la negociación deja de ser una herramienta técnica para convertirse en una necesidad estructural. Nelson Espinal Báez ausculta las fracturas del sistema dominicano y propone claves para gestionarlas antes de que escalen.


El interlocutor

Nelson Espinal Báez es mediador, árbitro y negociador. Asociado del MIT-Harvard Public Disputes Program en Harvard Law School y presidente de Cambridge International Consulting, cuenta con una vasta experiencia en resolución de conflictos y construcción de consensos dentro y fuera de la República Dominicana.

En un contexto donde las fisuras son cada vez más visibles y las tensiones escalan a la par de la desconfianza ciudadana, la conversación con Espinal Báez parte de una advertencia que funciona como hilo conductor: “En momentos como este, no decidir también es una decisión, y casi siempre es la más costosa.”

I · El tablero bilateral

¿Cómo describes el giro de poder que han dado las relaciones bilaterales entre RD y EE. UU., y qué papel juega la nueva embajadora Leah Campos en ese proceso?

No estamos simplemente ante una nueva etapa en la relación bilateral. Estamos ante un cambio en la naturaleza misma de esa relación.

Durante décadas, la lógica dominante fue la de una globalización orientada principalmente por la eficiencia económica. Hoy, Estados Unidos está reorganizando sus prioridades bajo una visión en la que la seguridad nacional y la seguridad económica forman parte de una misma estrategia. Dentro de ese marco, el Caribe, y en particular la República Dominicana, adquiere una relevancia distinta. Ya no son vistos únicamente como socios comerciales o diplomáticos, sino como actores relevantes para la estabilidad regional, la gestión de los flujos migratorios, la resiliencia de las cadenas de suministro y la seguridad hemisférica.

Por eso, la presencia de la embajadora Leah Francis Campos debe interpretarse dentro de esa visión más amplia. Ella no representa una agenda tradicional; representa la ejecución de una política de Estado que responde a prioridades estratégicas definidas por Washington. Eso implica una relación más intensa, más exigente y también más compleja.

Pero, al mismo tiempo, abre una oportunidad extraordinaria. La República Dominicana tiene la posibilidad de incrementar significativamente su relevancia estratégica dentro de la nueva arquitectura hemisférica. La clave está en comprender que los países no aumentan su relevancia por su tamaño, sino por el valor estratégico que son capaces de aportar. Si el país fortalece su institucionalidad, su capacidad de ejecución y su posición como plataforma confiable para la inversión, la logística y la manufactura avanzada, puede consolidarse como un socio cada vez más importante para Estados Unidos y para la región.

El verdadero desafío consiste en no limitarse a reaccionar frente a los cambios del entorno, sino desarrollar una estrategia propia que permita al país posicionarse con inteligencia dentro de ellos. Porque las grandes transformaciones geopolíticas no solo generan riesgos: también crean oportunidades para quienes saben leerlas a tiempo y tienen la capacidad de actuar en consecuencia.

II · La frontera y sus heridas

Ante el colapso funcional del Estado haitiano, la presión migratoria sobre RD y el aumento de agresiones hacia los dominicanos, ¿qué cabe esperar de esa convivencia forzosa, con tantas heridas abiertas?

No estamos ante un fenómeno migratorio tradicional; estamos ante el impacto directo del colapso funcional de un Estado vecino. Eso cambia completamente la naturaleza del desafío. La República Dominicana no administra simplemente flujos migratorios: convive con la crisis más profunda de su entorno inmediato. Y esa realidad genera algo más complejo que presión demográfica: tensión social, percepción de inseguridad, presión sobre los servicios públicos y exigencias crecientes sobre la capacidad del Estado.

Sería un error, sin embargo, pensar que este desafío se resuelve únicamente con controles fronterizos, deportaciones o discursos de firmeza. La firmeza es necesaria. El control fronterizo es indispensable. La aplicación de la ley debe ser consistente. Pero una frontera no se estabiliza solo con vigilancia; también se estabiliza con presencia efectiva del Estado, inversión, infraestructura, empleo formal y oportunidades de desarrollo.

La frontera no debe verse únicamente como una línea de separación. Debe entenderse como un espacio estratégico para el desarrollo nacional. Cuando una frontera permanece pobre, informal y débilmente integrada al resto del país, se convierte en un territorio vulnerable al tráfico ilegal, a la corrupción y al crimen organizado. Por el contrario, cuando existe actividad económica, empleo e institucionalidad, el orden deja de depender exclusivamente de la coerción y comienza a sostenerse también sobre los incentivos que genera el propio desarrollo. La mejor política de seguridad es aquella que hace que el orden resulte más rentable que el desorden.

Por eso, la respuesta dominicana debe combinar cuatro dimensiones inseparables: seguridad territorial, aplicación legítima de la ley, desarrollo económico de la frontera y fortalecimiento institucional. La convivencia no se construye con consignas; se construye con reglas claras, aplicación consistente y legitimidad, es decir, con normas que la sociedad perciba como justas, necesarias y no arbitrarias.

Hay además una dimensión humana que no debe perderse de vista. El desafío consiste en proteger la soberanía y el orden interno de la República Dominicana sin deshumanizar al ser humano que huye de una tragedia nacional. Un Estado serio tiene que ser firme, pero no cruel; humano, pero no ingenuo. En el fondo, lo que está en juego no es solo la convivencia entre dos pueblos, sino la capacidad de la República Dominicana de administrar una crisis regional preservando al mismo tiempo su seguridad, su institucionalidad y su estabilidad futura.

III · La violencia como síntoma

¿Es posible desactivar la violencia sistémica bajo la que vive la sociedad dominicana? ¿Qué flancos urge abordar desde el Estado para ir construyendo una cultura de paz?

Sí. Es posible reducir la violencia sistémica, pero exige comprender que la violencia no empieza en la calle. Empieza mucho antes, cuando el sistema deja de ser confiable. Cuando el ciudadano percibe que las reglas no se aplican por igual, que las consecuencias son inciertas y que el sistema no corrige, la violencia comienza a parecer una respuesta funcional.

Hay un nivel más profundo. Con frecuencia, la violencia visible es el resultado de tensiones invisibles que se han acumulado durante años en la cultura, las instituciones y las relaciones sociales. Por eso, una política de seguridad, por sí sola, nunca será suficiente. El Estado debe actuar simultáneamente sobre varios frentes: una justicia que funcione y genere confianza, una seguridad que proteja efectivamente a las personas, una educación que forme ciudadanos capaces de resolver conflictos sin recurrir a la violencia, y un entorno urbano ordenado que favorezca la convivencia y el respeto por el espacio común.

Pero hay un aspecto que suele olvidarse: la cultura de paz. La paz no consiste en eliminar el conflicto; el conflicto es parte natural de toda sociedad democrática. La verdadera cultura de paz consiste en aprender a gestionar esos conflictos sin destruir al otro y dentro de instituciones que generen confianza. En ese sentido, cooperación y competencia no son opuestas; son complementarias. La competencia estimula el mérito, la innovación y la responsabilidad. La cooperación fortalece la solidaridad y hace posible crear valor compartido mediante el diálogo y la negociación. La cooperación humaniza la competencia y la competencia sanea la cooperación.

Una cultura de paz no se construye suprimiendo las diferencias, sino enseñando a convivir con ellas dentro de reglas legítimas e instituciones fuertes. Ese es, en definitiva, uno de los mayores desafíos del Estado: construir una sociedad donde las personas aprendan que competir y cooperar no son caminos opuestos, sino las dos alas sobre las que vuela una democracia madura.

“Hoy, el primer territorio que se pierde es la mente. Vivimos expuestos a una saturación constante de crisis, miedo e indignación, y eso nos empuja a reaccionar ante todo.”

Nelson Espinal Báez

IV · Gobernar la mente

Has puesto énfasis en la importancia de gobernar la mente en tiempos de incertidumbre y “doctrinas de shock”. ¿Cómo se gestionan los nervios frente a la saturación de noticias perturbadoras, la desconfianza institucional, la presión económica o el tremendismo en redes sociales?

Hoy, el primer territorio que se pierde es la mente. Vivimos expuestos a una saturación constante de crisis, miedo e indignación, y eso nos empuja a reaccionar ante todo.

El problema no es la información, sino la incapacidad de jerarquizarla. Si todo parece urgente, todo se distorsiona y nada se comprende bien. Gobernar la mente hoy implica una decisión concreta: no reaccionar a todo, porque no todo merece convertirse en preocupación personal.

Los focos de ansiedad colectiva

01 Crisis de confianza con el gobierno
02 Saturación de noticias perturbadoras
03 Realidad económica desalentadora
04 Efectos inevitables del cambio climático
05 Falta de reparación e injusticias acumuladas
06 Colapso de la movilidad vial
07 El tremendismo en redes sociales

V · La calidad del debate

¿Cómo calificarías la calidad del debate público en RD, nuestra capacidad de argumentar y llegar a consensos?

El problema no es la falta de opinión, sino la manera en que se construyen esas opiniones.

Hoy, con frecuencia, no se define bien el problema, se mezclan hechos con opiniones, se salta de la emoción a la conclusión sin evidencia y se responde para ganar, no para entender. Así es muy difícil construir consensos.

Un debate público sano exige algo básico: claridad sobre qué se discute, argumentos ordenados, evidencia verificable y disposición para corregir. Un país no se bloquea por falta de ideas; se bloquea cuando carece de reglas para discutirlas con rigor.

VI · El tablero geopolítico

El tablero geopolítico en la era Trump se mueve de forma impredecible. ¿Cómo visualizas la guerra con Irán, el futuro de Cuba, los planes sobre Groenlandia, la competencia con China y la transición venezolana?

Más que conflictos aislados, lo que estamos viendo es un conjunto de procesos de negociación abiertos, donde los actores no solo compiten por resultados, sino por definir las condiciones del juego.

Irán

Lo que observamos hoy no es el final del conflicto, sino el inicio de una nueva etapa. La firma del memorándum de entendimiento representa un avance importante, pero una primera lectura de su contenido sugiere que estamos ante un marco para seguir negociando más que ante una solución definitiva.

El documento parece ordenar tres urgencias inmediatas: reducir la confrontación militar, garantizar la normalidad del tránsito por el Estrecho de Ormuz y crear condiciones para una gradual normalización económica. Sin embargo, deja para una etapa posterior los asuntos verdaderamente decisivos: el programa nuclear iraní, las sanciones, los mecanismos de verificación, la seguridad regional y la construcción de confianza entre las partes.

Precisamente por ello, esa primera lectura también invita a formular una pregunta estratégica: ¿qué elementos incorpora este memorándum que no estuvieran ya presentes, al menos en parte, en el Joint Comprehensive Plan of Action (JCPOA), suscrito en 2015? La respuesta requerirá un análisis más detenido. Pero esa comparación será inevitable, porque el verdadero criterio para evaluar este proceso no será la firma del memorándum, sino si logra producir resultados más sólidos y sostenibles que los acuerdos precedentes. Ahí está la clave estratégica.Un memorándum no resuelve un conflicto. Crea un marco para administrarlo y para seguir negociando.

En negociación, muchas veces el primer logro no es resolver el problema, sino detener la escalada y construir un espacio donde el costo de romper el diálogo sea mayor que el beneficio de volver a la confrontación.

Cuba

Cuba enfrenta una presión acumulada: económica, energética y social. El problema de fondo no es coyuntural; el sistema, tal como está diseñado, no está generando resultados sostenibles para la población. Eso se refleja en el deterioro de los servicios públicos, la migración creciente y la pérdida de capacidad productiva.

Sería un error ignorar el impacto del embargo estadounidense: ha tenido costos reales para la economía cubana y ha limitado oportunidades de comercio, inversión y financiamiento. Pero también es evidente que muchos de los problemas actuales responden a decisiones internas y a un modelo que, durante décadas, ha mostrado dificultades para generar productividad, innovación y crecimiento sostenido. La verdadera pregunta es por qué, después de más de seis décadas de restricciones externas, el país no ha logrado desarrollar mecanismos internos suficientes para generar prosperidad sostenible.

La historia demuestra que los países no siempre pueden elegir las condiciones en las que compiten, pero sí pueden decidir cómo adaptarse a ellas. Por eso, la pregunta ya no es si Cuba necesita cambiar; la pregunta es cómo gestionar ese cambio preservando la estabilidad, la cohesión social y la dignidad de su pueblo.

Groenlandia

No es una ocurrencia; es geopolítica. Groenlandia combina ubicación estratégica, recursos críticos y proyección militar. El interés de Estados Unidos responde a eso. El error fue la forma en que se dijo, no lo que se estaba viendo.

China

La competencia con China no es ideológica; es una disputa por cómo se organizan la economía, la tecnología y las cadenas de valor a escala global. China no solo compite: está reconfigurando espacios económicos, tecnológicos y logísticos a su favor, a través de infraestructura, cadenas de suministro y presencia estratégica en regiones clave. Estados Unidos no enfrenta solo a un competidor; enfrenta a un actor que busca influir en las reglas del entorno económico y tecnológico internacional. Pero ese avance también tiene límites: tensiones internas, desaceleración económica y presiones sobre su propio modelo de crecimiento.

La reciente visita de Trump a China ofrece una lección importante: no significó el fin de la competencia entre ambas potencias, sino el reconocimiento de que esa competencia necesita ser administrada. Hubo avances en algunos temas comerciales y esfuerzos por estabilizar áreas sensibles de la relación, pero las diferencias fundamentales permanecen. Por eso, la pregunta ya no es si Estados Unidos y China competirán; la pregunta es si serán capaces de competir sin empujar al sistema internacional hacia una confrontación cada vez más costosa. La competencia no será un evento, sino una dinámica prolongada que marcará el sistema internacional durante la próxima década.

Venezuela

Venezuela atraviesa un momento de transición, pero una transición no debe confundirse con una solución. Se han producido cambios importantes y se perciben señales de apertura política y económica. Sin embargo, el verdadero desafío sigue siendo construir instituciones capaces de generar confianza, estabilidad y legitimidad.

Una transición no se define por quién sale o quién entra del poder; se define por la capacidad de construir un orden político e institucional que la sociedad considere legítimo y que ofrezca seguridad jurídica y reglas previsibles. La experiencia internacional demuestra que recuperar una economía es difícil; recuperar la confianza en las instituciones suele ser aún más complejo. La verdadera transición comenzará cuando los ciudadanos, los inversionistas y la comunidad internacional perciban que las reglas no dependen de las personas, sino de instituciones que funcionan de manera consistente. Y esa es una tarea que requiere tiempo, acuerdos amplios y visión de largo plazo.

VII · El posicionamiento estratégico

¿Qué intereses y necesidades debe priorizar la República Dominicana en los principales escenarios que enfrenta actualmente?

La República Dominicana tiene hoy una oportunidad histórica. El mundo está cambiando y las cadenas de suministro, la inversión y la geopolítica se están reorganizando alrededor de un nuevo concepto: la seguridad económica. En ese contexto, el país debe dejar de reaccionar a los acontecimientos y empezar a posicionarse con una estrategia propia.

Las prioridades no son aisladas; forman parte de una misma visión de futuro. Primero, fortalecer la seguridad territorial y la gestión ordenada de la migración: sin control, no hay estabilidad; y sin estabilidad, no hay desarrollo sostenible. Segundo, consolidar una inserción económica inteligente: no basta con crecer, hay que ubicarse estratégicamente en las nuevas cadenas de valor y atraer inversión de calidad. Tercero, profundizar una relación con Estados Unidos basada en intereses compartidos y criterio propio: ser un buen socio no significa renunciar a la autonomía, sino saber dónde coincidir, dónde negociar y cómo generar valor para ambas partes. Y cuarto, fortalecer la capacidad de ejecución del Estado, porque las naciones no transforman su realidad únicamente por tener buenas ideas; la transforman cuando son capaces de convertir esas ideas en políticas públicas consistentes y resultados concretos.

En el mundo actual, la confianza es un activo estratégico. Los países no compiten únicamente por costos laborales o incentivos fiscales; compiten por institucionalidad, previsibilidad y capacidad de cumplir lo que prometen. La gran oportunidad de la República Dominicana es convertirse en un socio confiable, en una plataforma segura para la inversión y en un actor cada vez más relevante dentro de la nueva arquitectura económica y geopolítica del hemisferio.

Un país no se define por el tamaño de su territorio ni por el volumen de su economía. Se define por la claridad de su visión, la calidad de sus instituciones y la capacidad de ejecutar, de manera consistente, la estrategia que ha decidido construir.


“Hoy, el problema no es la falta de información, sino algo más exigente: saber distinguir lo importante del ruido y, sobre todo, tener la claridad para decidir dónde queremos estar antes de que el entorno decida por nosotros. Porque, en momentos como este, no decidir también es una decisión, y casi siempre es la más costosa.”

“Los países, como las personas, no son definidos por las circunstancias que enfrentan, sino por la lucidez, el coraje y la capacidad con que deciden responder a ellas.”

— Nelson Espinal Báez

Entrevista directa a Nelson Espinal Báez.

CV

Por

Castalia Vargas

Periodista y editora, escribe sobre cultura, sociedad y políticas públicas en la República Dominicana.

Sobre

Kriteria

Análisis, ideas y cultura para una ciudadanía consciente en la República Dominicana.

Web  kriteria.org

Correo  editorial@kriteria.org

Instagram  @kriteria.do

Visited 78 times, 1 visit(s) today
Recibe las actualizaciones de contenido de Kriteria.

Last modified: junio 18, 2026

Close